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Campeche arrostraba una crisis económica hacia la mitad del siglo XIX debido a la extenuación de los recursos aduanales por la fluctuación de los mercados internacionales, el sostenimiento de la Guardia Nacional, y las tradicionales discrepancias comerciales con la otra ciudad importante de la Península: Mérida. Esta crisis económica así como la persistente variación gubernamental tanto regional como nacional, marcó el advenimiento de una nueva generación de hombres liberales que con ideas renovadoras decidieron operar un cambio y en el proceso por hacerse del poder impulsaron la creación del Estado de Campeche.

El antecedente más inmediato en la erección de Campeche como entidad federativa fue la elección para gobernador de Yucatán, en la cual resultó electo don Pantaleón Barrera –representante del viejo régimen de Santiago Méndez- en detrimento de Liborio Irigoyén de corte liberal, lo que provocó la protesta y desconocimiento de jóvenes políticos tales como Pablo García y Montilla, Tomás Aznar Barbachano, Juan Carbó, Pedro Baranda Quijano, entre otros, quienes estaban decididos a dar un nuevo sentido a la política regional. Las protestas fueron de enorme magnitud, la noche del 6 de agosto de 1857, estas personalidades se apoderaron de los baluartes de Santiago, la Soledad y la maestranza de artillería, marcando un cisma territorial en la Península de Yucatán y proclamando la soberanía de un nuevo Estado.

La consecuencia fue un convenio de División Territorial el 3 de mayo de 1858 en el que se estipuló, que el nuevo Estado de Campeche comprendería el antiguo distrito del mismo nombre, conformado por los partidos del Carmen, Seybaplaya, Campeche, Hecelchakán y Hopelchén. Asimismo se reconocía como Gobernador a Pablo García y Comandante General a Pedro Baranda, las principales figuras en este trascendental hecho histórico.

El triunfo definitivo de las aspiraciones políticas de Campeche sólo alcanzaría base legal mediante reconocimiento del Congreso de la Unión. Para ello, el informe de Tomás Aznar Barbachano y Juan Carbó denominado “Memoria sobre la conveniencia, utilidad y necesidad de erigir constitucionalmente en Estado de la Confederación Mexicana el antiguo Distrito de Campeche”, sería de gran utilidad para las aspiraciones campechanas. Así, Benito Juárez mediante decreto presidencial del 19 de febrero de 1862, reconoció el nuevo estado de Campeche, cuya capital sería la ciudad de Campeche. Juárez sancionó positivamente la creación del estado gracias a la Ley del 11 de diciembre de 1861, que le confirió amplias facultades en todas las ramas de la administración pública. El decreto tendría carácter de ratificación mediante la sanción de la mayoría de las legislaturas de los estados el 29 de abril de 1863, en pleno fragor de la intervención francesa.

Mientras que los acuerdos en materia constitucional de reconocimiento se daban y una presencia extranjera amenazaba, se hizo eco del clima imperante en la nación con la enseñanza laica y la libertad de cultos promulgadas por las Leyes de Reforma al decretarse gubernamentalmente el 26 de octubre de 1859 la creación del Instituto Campechano en la sede que ocupara El Colegio Clerical de San Miguel de Estrada. El flamante Instituto Campechano bastión simbólico local fue inaugurado el 2 de octubre de 1860.

Simultáneamente a la creación de Campeche se vivía tensión a nivel nacional por agresión extranjera. En 1861 la intervención francesa se inició en el país y en la ciudad de Campeche tuvo sus secuelas. En junio de 1862 la ciudad amurallada fue acosada por las fuerzas intervencionistas a bordo del Granade, y la cañonera L´Eclair, las cuales se dedicaron a detener y apropiarse de barcos campechanos.

Las cosas sucedieron con vertiginosa rapidez, Campeche hacia noviembre de 1863 padece de un bloqueo por mar y tierra además del asedio de tropas imperialistas. Este mismo bloqueo hace que las fuerzas de Pablo García se rindan y hacia enero de 1864, Campeche pasa a ser parte del Imperio y perdía así su recién estrenado estatus de Estado Libre y Soberano. Durante este tiempo, los baluartes artillados con más de doscientos cañones, de hierro y de bronce, algunos de ellos históricos, pertenecientes a Francia en el pasado, y donados en épocas distintas por los reyes españoles, fueron restituidos a Francia de acuerdo a la voluntad del contraalmirante Cloué, quien faltó así a las estipulaciones del tratado de rendición de la plaza de Campeche. Fue de esta manera que muchos de los cañones que hasta entonces habían defendido Campeche, salieran de las troneras de sus baluartes.

Pero la vida de este imperio fue fugaz, duró en Campeche tres años, la República al fin fue restaurada hacia Junio de 1867 y los franceses expulsados de territorio nacional. El estado de Campeche vuelve a la vida como entidad federativa plena y a favor del restablecimiento de los ideales liberales que dieron cobijo a su nacimiento. Pablo García retorna al poder como gobernador, cargo que ocuparía hasta 1870 cuando nuevas pugnas políticas se hicieron presentes, lo que marcaría la fisonomía política y la vida histórica de una nueva entidad federativa llamada Campeche en el corazón del sureste mexicano.